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CRM para pymes a medida

Cuándo una pyme necesita un CRM propio

La mayoría de las empresas que nos preguntan por un CRM ya tienen uno. Lo que no tienen es uno que se parezca a cómo trabajan. Han pagado licencias de una herramienta grande, han rellenado tres campos de los cuarenta que trae, y el equipo sigue llevando lo importante en una hoja de cálculo aparte. Eso no es falta de disciplina: es que el proceso real no cabe en el molde.

Un CRM a medida tiene sentido cuando el proceso comercial no es el estándar. Varias oficinas que comparten cartera pero no comisiones. Roles que ven cosas distintas del mismo cliente. Un ciclo de venta con pasos que ninguna plantilla contempla. Cuando el negocio encaja en lo estándar, lo estándar sale más barato, y lo decimos.

Esquema de un CRM multi-rol: tres niveles de acceso con los datos sincronizados y una vista ejecutiva encima
Tres niveles de acceso sobre los mismos datos, con la vista de dirección encima.

Lo que hemos construido

Un CRM multi-rol para una empresa de servicios con tres oficinas en Bilbao. Tres niveles —Super Admin, Office Admin y Agente— con los datos sincronizados entre roles y una vista ejecutiva encima. Cada oficina trabaja su cartera; la dirección ve el conjunto sin pedirle un informe a nadie. No publicamos el nombre del cliente.

El problema que resolvía no era guardar contactos: eso lo hace cualquier herramienta. Era que tres oficinas con incentivos distintos compartieran información sin pisarse, y que la dirección pudiera mirar el total sin montar un Excel cada lunes.

Sobre qué se construye

No empezamos de cero. La base es Twenty alojado en servidor propio, un CRM de código abierto con licencia AGPL. Encima va lo específico de cada negocio: los roles, los permisos, los campos que de verdad se usan y las conexiones con lo que ya tienes.

Que esté en servidor propio importa por dos motivos. El primero es el precio: no pagas por usuario al mes durante los próximos diez años, y el coste no crece cada vez que contratas a alguien. El segundo es la base de datos: es tuya. La puedes consultar, exportar y conectar con cualquier otra cosa sin pedir permiso ni pagar por una interfaz de programación.

El tercer motivo no es técnico y suele pesar más: el día que quieras cambiar de proveedor, te llevas el sistema. Un CRM alquilado retiene tus datos como rehén de la renovación.

Lo que suele hacer falta alrededor

  • Que hable con la facturación. Un CRM que no sabe qué se ha facturado obliga a mirar en dos sitios y a fiarse de la memoria. Nosotros lo conectamos con el ERP: así lo hacemos con Dolibarr.
  • Puntuación de oportunidades. Ordenar la cartera por probabilidad real en vez de por intuición del comercial. Sirve sobre todo cuando hay más oportunidades abiertas que horas para atenderlas.
  • Entrada automática de contactos. Que un formulario, una llamada o un WhatsApp se conviertan en ficha sin que nadie teclee. Lo que se teclea a mano se teclea tarde, o no se teclea.
  • Informes que se envían solos. El informe que hay que pedir acaba no pidiéndose.

Cómo se trabaja

Las mismas cuatro fases que en cualquier proyecto nuestro.

Diagnóstico. Se audita el negocio, las herramientas y los datos antes de proponer nada. Es donde suele aparecer que media empresa ya trabaja en una hoja compartida que nadie había mencionado.

Diseño. Pantallas y arquitectura. Nada se desarrolla sin tu firma.

Construcción. Asistida por IA, con iteraciones semanales y demostración real. Se ve funcionando, no en diapositivas.

Lanzamiento. Puesta en marcha, formación al equipo y soporte. La formación no es un extra: un CRM que nadie sabe usar es una base de datos vacía y cara.

Cuándo no encargar un CRM a medida

Cuando el proceso todavía no está claro. Un CRM congela la forma de trabajar. Si esa forma está a medio decidir, lo que se congela es la indecisión, con sus errores dentro.

Cuando sois pocos y el ciclo es corto. Con un equipo pequeño y ventas que se cierran en dos conversaciones, una herramienta de catálogo suele bastar. Preferimos decírtelo antes que cobrarte por descubrirlo.

Cuando nadie va a mantenerlo. Un sistema propio necesita a alguien dentro que lo use y lo cuide. Si no lo hay, se abandona igual que se abandonó el anterior.

Preguntas que nos hacen

¿Cuánto cuesta un CRM a medida? No tiene precio publicado, y por eso no está en el catálogo. Depende de cuántos roles, cuántas integraciones y cuánto dato hay que migrar. Lo que sí es fijo es el orden: primero se audita, y el presupuesto sale de lo medido, no de una estimación a ojo.

¿Cuánto se tarda? La primera versión utilizable suele estar en semanas, no en meses, porque no se parte de cero. Lo que alarga un proyecto casi nunca es el desarrollo: es la migración de datos sucios y las decisiones pendientes.

¿Se pueden migrar los datos del CRM actual? Casi siempre. Lo que hay que decidir antes es qué merece la pena migrar. Arrastrar diez años de fichas duplicadas al sistema nuevo es pagar por mudar basura.

¿Y si crecemos? Al no pagar por usuario, crecer no multiplica la factura. Lo que sí conviene revisar es el servidor cuando el volumen sube de verdad.

Cómo empieza

Con una auditoría, no con una propuesta. Primero se mira qué hay montado, qué datos existen y dónde se pierde el tiempo. Lo medido se escribe. A partir de ahí se decide si hace falta algo a medida o si con lo que ya tienes, bien conectado, es suficiente. Las dos respuestas son respuestas.

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